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Esto es lo que sucedió con la XV Brigada Internacional tras un período de dos meses y medio de combate. Los estadounidenses llegaron luego y sacaron a los franceses.

Tal vez la clave se encuentre en su concepto de masculinidad, no demasiado diferente del esgrimido por sus enemigos. Vemos, por tanto, como un intelectual comunista asumía los tradicionales estereotipos de género que identifican al hombre con la fortaleza y la mujer con la fragilidad.

Una cosa era que el combatiente, por imprudencia, se contagiara, pero también podía darse el caso de que se infectara voluntariamente. La enfermedad venérea se convertía así en una variedad de automutilación. En otros casos, la infección se fingía o se prolongaba deliberadamente la convalecencia.

Curiosamente, poco antes de la batalla del Ebro, parecía que las tropas republicanas padecían una epidemia de enfermedades de transmisión sexual. Se multiplicaron entonces las inspecciones a los burdeles, con la clausura de los que abrían sus puertas ilegalmente. A los infectados se les amenazó con medidas disciplinarias, desde un mes de arresto, la primera vez, a un juicio por autolesiones si reincidían en dos ocasiones. Mientras tanto, en los medios de comunicación de izquierda, tenía lugar un animado debate en torno a la prostitución.

Ésta, para socialistas, comunistas y anarquistas, era una lacra producida por la sociedad capitalista. El sistema, al producir explotación y desempleo, empujaba a muchas obreras a vender su cuerpo por necesidad. Los burgueses desahogaban con ellas sus ímpetus sexuales mientras sus propias mujeres mantenían la castidad impuesta por la moral dominante.

En realidad, el vínculo entre capitalismo y prostitución resultaba bastante cuestionable. Mujeres Libres atribuía su comportamiento a la influencia burguesa.

La solución, sin embargo, no se reducía a destruir el sistema de clases. La abolición del capitalismo, por sí sola, no bastaba para destruir el dominio del hombre sobre la mujer. Su existencia resultaba incompatible con el proyecto emancipador que ellos defendían. Los clientes de los prostíbulos también eran objeto de duras críticas.

Pero, de hecho, los libertarios también formaban parte de la clientela de los burdeles. En Barcelona, lo mismo que en Valencia, la FAI se hizo con el control de los prostíbulos del barrio chino. En este caso, su objetivo no fue, por lo que parece, acabar con el comercio sexual. Cada una de ellas podía ser su hermana, o su madre. El discurso franquista hablaba de la necesidad de una educación adaptada a cada uno de los sexos, para que así se pudieran desarrollar las características masculinas y femeninas.

La mezcla de los sexos resultaba pues muy peligrosa para el desarrollo de los individuos, suponiendo una masculinización para las mujeres y una feminización para los hombres. Botella Llusía rector de la Universidad Complutense de Madrid lo dejaba bien claro, cuando decía lo siguiente:. En el año , Pilar Primo de Rivera decía: Como podemos comprobar actualmente, todavía quedan rasgos muy importantes de la educación franquista en nuestra sociedad de Se practicaba la doble moral en el franquismo y regía tanto en los comportamientos masculinos como en los femeninos.

La feminidad significa pertenecer a un solo hombre y por tanto era fundamental conservar la virginidad para el matrimonio. Sin embargo, se aconseja que los hombres fueran castos hasta el matrimonio, pero sí se les permitía tener relaciones con prostitutas.

Esta doble moral impone una legislación durísima para las mujeres viudas. Debían esperar un año desde el fallecimiento de su marido para poder volverse a casar. El incumplimiento de esta norma significaba una fuerte sanción económica. Con el triunfo franquista en la guerra civil, estos matrimonios civiles realizados entre fueron declarados nulos y en consecuencia, debían casarse nuevamente por la iglesia si querían tener validez.

Por Orden ministerial del diez de marzo de , se plantea que las parejas que no deseasen casarse por el matrimonio religioso, podían hacerlo solamente por lo civil siempre y cuando justificasen el no ser católicos mediante un certificado.

Estaba prohibida cualquier cosa que impidiera la reproducción. Esta figura del adulterio estuvo vigente hasta el año Las mujeres solo podían pertenecer a un solo hombre. Para la familia franquista la virginidad femenina era esencial, ya que si se perdía no sólo se ponía en duda la honestidad de la chica, sino también la de la familia.

Cuando una chica soltera comunicaba a sus padres su embarazo algunos la protegían escondiéndola o ayudando al aborto o al infanticidio. Sin embargo muchos padres decidían echar a la hija del hogar para salvar el honor de la familia. Muchos fueron clientes adictos de las prostitutas y la sociedad nunca los juzgó como sí hacían con las mujeres, como estamos viendo. Las mujeres no podían denunciar a sus maridos por adulterio cuando éste mantenía relaciones sexuales con otra mujer.

Las chicas de la burguesía franquista con la educación que recibían acaban siendo frígidas. Si una mujer tenía un orgasmo ultrajaba al marido e inmediatamente se iba a confesar. Esta falta de placer de la mujer casada española era algo impuesto por la educación que se les proporcionaba. El matrimonio franquista solo busca una sexualidad procreadora que dependía del plano divino.

Siempre ha sido una obsesión del franquismo y de la iglesia católica española. Sudor en las manos. Opresión grande en el pecho. Dolor de nuca y espalda. Reglamento para el régimen interior de este Santo Hospital Civil , Bilbao, Traité historique et pratique de la syphilis , París: Librairie German Baillière, ; Moya y Plaza, Imprenta del Crédito Comercial, Castigo de prostitutas, devoradas por sapos y serpientes izda.

Talla del retablo barroco de la iglesia de Arrigorriaga.

El Gobierno y la Agrupación de Mujeres Antifascistas tuvieron buena sintonía en este sentido, ya que la organización defendía la división de los roles entre hombres y mujeres. En octubre de se publicaron varias disposiciones para evitar que las mujeres combatieran e, incluso, se informó a las oficinas en el extranjero que no se admitirían mujeres en el frente. En el bando sublevado la situación no era mucho mejor. A pesar de esto, algunas mujeres poblaron las unidades del ejército levantado, como las que acompañaban a la V Bandera de la Legión que cruzó el Estrecho de Gibraltar el 23 de julio de Aunque, cuando los frentes quedaban estabilizados, las mujeres no solían estar en primera línea —porque los mandos solían relegarlas a tareas administrativas—, en los primeros momentos de la guerra participaron intensamente en los combates callejeros que se produjeron en muchas ciudades.

El autor del artículo aquí divulgado expresa diferentes casos de extraordinaria resistencia, como el de Julia Manzanal, que quedó embarazada de su novio y una comadrona le provocó el aborto una mañana y por la tarde ya estaba en las trincheras, a pesar de continuar sangrando durante cuarenta días consecutivos. Le hicieron un torniquete y la llevaron al hospital, donde llegó casi desangrada, pero sobrevivió. Tuvo que subsistir vendiendo cerillas por la calle.

Les dijo que sólo era un mareo. En sus propias carnes vivieron el terror de la guerra, de la batalla, y demostraron que no hacía falta ser hombre para disparar con un arma y defender unos valores. Pero igual de verdadero es que la sociedad no estaba preparada en ninguno de los bandos para su incorporación a las fuerzas armadas y del orden debido al gran tradicionalismo que existía de forma generalizada sobre el papel que éstas debían tener en la organización social.

A pesar de ello, el empeño de muchas mujeres las llevó a primera línea de batalla y a dejar una huella que todavía debe ser estudiada con mucho mayor detenimiento y profundidad. Por supuesto, nadie reniega de los actos heroicos que los hombres hicieron.

Eso mismo deberíamos preguntarnos cuando los textos sólo tratan de lo que pasó a los hombres, sin mencionar a ninguna mujer.

Muchas veces, es muy poco lo que se sabe que hicieron ellas, por falta de documentación, de interés o ambas cosas. Pero, sin duda, ellas merecen su espacio en la historia, al igual que los hombres. Ambos, como seres humanos. Estaba prohibida cualquier cosa que impidiera la reproducción. Esta figura del adulterio estuvo vigente hasta el año Las mujeres solo podían pertenecer a un solo hombre.

Para la familia franquista la virginidad femenina era esencial, ya que si se perdía no sólo se ponía en duda la honestidad de la chica, sino también la de la familia. Cuando una chica soltera comunicaba a sus padres su embarazo algunos la protegían escondiéndola o ayudando al aborto o al infanticidio.

Sin embargo muchos padres decidían echar a la hija del hogar para salvar el honor de la familia. Muchos fueron clientes adictos de las prostitutas y la sociedad nunca los juzgó como sí hacían con las mujeres, como estamos viendo. Las mujeres no podían denunciar a sus maridos por adulterio cuando éste mantenía relaciones sexuales con otra mujer.

Las chicas de la burguesía franquista con la educación que recibían acaban siendo frígidas. Si una mujer tenía un orgasmo ultrajaba al marido e inmediatamente se iba a confesar. Esta falta de placer de la mujer casada española era algo impuesto por la educación que se les proporcionaba. El matrimonio franquista solo busca una sexualidad procreadora que dependía del plano divino.

Siempre ha sido una obsesión del franquismo y de la iglesia católica española. Sudor en las manos. Opresión grande en el pecho. Dolor de nuca y espalda. Pereza y desgana para el trabajo y hasta la imposibilidad de realizarlo. Pérdida de atracción para el sexo contrario y repugnancia al matrimonio.

Oscuridad en el entendimiento. Incapacidad para el sacrificio. Personalmente sufrí la educación franquista de la época Estudie en un colegio privado de Zaragoza, pero era un centro no religioso. Siempre empezaba sus clases con la siguiente reflexión: En el colegio estando de interno dormíamos en habitaciones de 16 personas y en literas. Se intentaba que los colchones fueran duros y se recomendaba no llevar ropa interior de lana, porque producía mucho calor y podría excitar al portador.

Se llegaba al extremo de prohibir a los chicos meter la mano en los bolsillos. El beso del novio se había clavado punzante en la mejilla, y con rabia comenzó Maribel a restregar su cara, intentando borrar toda huella posible. Era habitual en las familias burguesas franquistas tener criadas.

Era cotidiano que los chicos de esas familias iniciaban sus primeras experiencias sexuales con las criadas familiares. En dicho libro, nos relata como era habitual en esta época que las chicas con pocos recursos que trabajaban como criadas, no podían aguantar la presión de los chicos. Reglamento para el régimen interior de este Santo Hospital Civil , Bilbao, Traité historique et pratique de la syphilis , París: Librairie German Baillière, ; Moya y Plaza, Imprenta del Crédito Comercial, Castigo de prostitutas, devoradas por sapos y serpientes izda.

Talla del retablo barroco de la iglesia de Arrigorriaga.

Sin embargo, Franco por el decreto de levantó esa prohibición y permitió la prostitución. Los estadounidenses llegaron luego y sacaron a los franceses. En otros casos, la infección se fingía o se prolongaba deliberadamente la convalecencia. Sólo tenía una sala para hombres y otra para mujeres en la que debían estar día y noche, comer y cumplir con todas las necesidades de la naturaleza. Historia y mito de los Pretorianos Reseñas 26 abril, Una preocupación de los mandos era impedir que oficiales y tropa se mezclaran al acceder a los prostíbulos, de manera que la disciplina se viera menoscabada. En Historia 16, p.

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